Mi adolescencia en cuarentena

#YO ME QUEDO EN CASA

Los tallos glaucos y débiles han comenzado a crecer en las ramas de los árboles. Es paradójico ver, en estos momentos, como la frágil naturaleza termina por abrirse camino. Jamás hubiera imaginado perder la vista en el suave y apacible movimiento de las hojas ocasionado por las ráfagas de aire. Estos últimos días, la ventana se ha convertido en mi lugar más transitado. Quién me diría que esa insignificante abertura en la pared podría cobrar tanta importancia en mi vida…

De un día para otro, sin previo aviso, todo cambió y nuestra rutina cotidiana y habitual se convirtió en un anhelo. Algo nos está amenazando y quiere aniquilar a los puntos débiles, a los que de una manera u otra ya han trazado su plan y su sola presencia no es aprobada. Sus víctimas son las personas más vulnerables. 

Ahora unos hábitos rutinarios y elementales invaden mi vida. Todos los días son el primer día. No hay pasado ni futuro, sólo hay presente. Es como estar en un limbo, sin saber qué pasará ni qué hacer. La sensibilidad está a flor de piel, y puedo pasar de unos emotivos aplausos a las ocho de la tarde que casi me hacen llorar, a la risa más descontrolada viendo a mi padre durante la clase de yoga que mi madre se ha empeñado en que hagamos. Me emociona compartir momentos con mi familia, todos juntos, los cuatro. Gracias a eso, logro un mayor entendimiento con ellos y trazo recuerdos inmejorables, perfectos, que nunca podré borrar de mi mente. Por otra parte, me entristece ver la naricilla de mi hermano pegada al cristal de la ventana, mirando el parque con el balón en las manos. No obstante, siento y creo que es una etapa especial en nuestras vidas en la que todo el mundo intenta ayudar a los demás sin importar su condición o su nivel social. Algo histórico, como sacado de una película, que no olvidaremos jamás.

Mi pequeña Jara me lame los pies constantemente. Se la ve feliz y segura pendiente de cada miembro de la familia. Disfruta de nuestra compañía, y a mí su sola presencia me convierte en su guardiana y protectora. Sinceramente, espero con todas mis ansias que esta situación cese lo más pronto posible. Echo de menos el instituto, a los profesores. Te echo de menos a ti, adorada vida.

Adriana Rubiato Marcos 4ºA


El primer día de la cuarentena todas mis emociones se juntaron. Sentí rabia, impotencia, dolor y hasta angustia. Dolor por las personas que estaban muriendo, rabia por cómo los políticos lo han llevado, impotencia por no poder ayudar y angustia por la situación. Pienso en todo ello, sobre cómo un país ha quedado paralizado y cómo nuestras vidas han quedado congeladas. Mis clases en el instituto al que no sé cuándo volveré, mi deporte en el club por la tarde al que no sé cuándo volveré. Tras estos pensamientos intento seguir con mi vida, mis tareas y mi familia. Cada noche cuando me voy a la cama, pienso en las calles que habitualmente recorría anteS de que esta cuarentena la llenarA de silencio y soledad. Todas las noches salgo a mi ventana a aplaudir, no sin emocionarme. Desde ella puedo ver una pareja de ancianos y cuando los veo pienso: están ahí. Ahora me doy cuenta de lo que hemos perdido, como el beso que no le puedo dar a mi abuela. Gracias a Internet me pongo en contacto con mis amigos acercándome más a ellos, eso sí virtualmente. Ninguno de Nosotros podía imaginarse  que aquella noche en Nochevieja cuando tomábamos las uvas y nos felicitamos por el comienzo del 2020 sería un año tan marcado por la tragedia. Año en el que se han perdido vidas y muchos sueños se han roto. Sólo me queda pensar que en algún momento el verano con toda su alegría nos espera, para recibirnos después de nuestro encierro, y poder abrazar a mis amigos, abuelos y abuelas.

Christian Gómez 4ºA


Los primeros días de mi aislamiento los consideré como un breve descanso de todo el alboroto posterior del mes de exámenes, sinceramente las cuestiones y tareas relacionadas con el instituto no me preocupaban demasiado, ya que me considero una persona responsable con la capacidad suficiente de llevar a cabo por sí misma los asuntos escolares. Todavía no se había producido ningún cambio demasiado significativo en mi vida, exceptuando la cancelación de las clases, mi hermana y yo como de costumbre nos íbamos a ir el primer fin de semana que establecieron la alerta con mi padre al centro de Madrid, puesto que esos días nos correspondía  estar con él; sin embargo dado el cuantioso estado de alarma Nora, mi hermana, y yo no pudimos irnos con nuestro padre.

A medida que transcurrían los días los deberes, trabajos y responsabilidades del instituto se me aglomeraban con una rapidez y sencillez preocupante, no sabía cómo manejar tal cantidad de obligaciones yo sola, necesitaba algo o a alguien que me marcará las pautas que debía seguir o un punto de referencia, el cual me ayudara a planificar el cúmulo de tareas. Además el impedimento de salir a la calle me producía una sensación de ahogo que disminuía minimamente al salir a mi terraza a tomar el sol. Asimismo no echaba demasiado de menos a nadie, ya que hablaba todos los días con mis abuelos, con mi padre y mi hermana Rocío y con mis amigos.

Sin embargo, después de unos cuatro o cinco días lo que menos me importaba era salir a la calle a dar un paseo, después de esos días comprendí, al fin, la gravedad del asunto que estamos viviendo. En este tiempo casi no salí de mi habitación, me pasaba el día entero encerrada en ella haciendo los deberes, trasteando con el móvil o simplemente estando; además las noches me las pasaba despierta haciendo exactamente lo mismo que por el día: haciendo los deberes, trasteando con el móvil o simplemente estando. Al darme cuenta del estado actual una sensación de impotencia y angustia me sobrecogió y lo único que deseaba era ver a mi familia, abrazarla y estar con ellos; en esos días pasados no tenía afán por desempeñar ninguna actividad, y simplemente sentía una emoción de melancolía.

No obstante hace aproximadamente dos días conseguí un buen ritmo de trabajo para las cuestiones del instituto, por fin me puse al día con los trabajos y aunque no lo parezca, realizarlos me está ayudando en cierto modo, pues me ayudan mucho a distraerme y a no pensar en exceso en la situación. Asimismo el apoyo, sobretodo, de mi padre y de mi madre me ha ayudado a tener otra perspectiva más optimista de esta circunstancia, me hicieron comprender que ahora mismo lo más importante es la salud, y cuidar de uno mismo y de los demás, y que el resto de asuntos quedaban en segundo plano. También realizar ejercicio cada día se ha convertido, para mí, en otra salida de desahogo ante esta extraordinaria circunstancia. Y por supuesto, salir a la terraza todos los días a las ocho de la tarde a aplaudir, viendo como toda España está unida en un momento tan difícil, me ayuda a afrontar un poco mejor la singular situación.

Alicia Fuentes, 4ºA

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